12/7/2005 9:14:07 AM

Para levantar el ánimo

 

 

A sus 69 años, después de toda una vida "en la brega”, Luis Arthur Sosa ha decidido reinventarse en otro escenario pero sin abandonar su sueño de que aquí, en República Dominicana, todavía es posible adecentar la vida pública y crear un ambiente de justicia igual para todos. Sólo de este modo, entiende, será alcanzable el progreso.

Hay razón en esa percepción y mucho de atendible en el razonamiento de este dominicano al parecer hastiado del desorden y de la impudicia que tal estado de cosas apareja.

Arthur se confiesa cansado, no derrotado. Tiene la convicción de que, por ahora, las fuerzas que amenazan con hundir más al país superan a las suyas. “Llega un momento en que la edad y las decepciones hacen que uno quiera tirar la toalla”, dice con amargura.

Su decisión es radical: vender e irse, con ánimo de reexaminar las contingencias y los condicionantes, en modo alguno para abandonar las metas.

Y, en efecto, ha vendido todos sus bienes, obtenidos en buena lid, desde su impecable ejercicio profesional hasta su paso por la Asociación de Empresas Industriales de Herrera. Oigamos, pero sobre todo asimilemos, algunos de sus juicios, externados en la entrevista que para Clave Digital le hiciera recientemente Ana Mitila Lora:

“Nunca busqué contratas del Estado…, carezco de la capacidad de comprar hombres y conciencias, y de vivir en la corrupción creciente que se viene dando desde los 12 años de Balaguer… Creo que transité por el terreno enlodado de nuestro país ensuciándome únicamente la suela de los zapatos. Ahora, en mi retiro, consumo  mis ahorros prudentemente, tratando de alargarlos para que lleguen hasta el fin de mis días.”

Que no se engañe nadie creyendo que esa es la expresión de la derrota. En Arthur han triunfado la entereza, la humildad y la temperancia, prendas que al parecer faltan en muchos otros que han asumido responsabilidades de conducción pública.

Clave Digital entiende que el país necesita de muchos Luis Arthur Sosa, hombres y mujeres que se resistan a renunciar al desafío de soñar una República Dominicana mejor, con capacidad suficiente para conducirse al margen de tratativas perversas que ningún valor agregan a la vida ciudadana.